La respuesta a la pregunta, un tiempo para cada emoción y cada emoción a su tiempo, puede ser si o no. Si, si se quiere decir que todas las emociones tienen que poder vivirse y expresarse y que deben hacerlo cuando se están viviendo y sintiendo. No, si se quiere decir que existe un tiempo y un espacio apropiado para cada emoción. Que las emociones puedan ser expresadas en el momento en que se viven, no significa que la educación de las emociones no eduque en aspectos como, aprender a discernir en que ocasiones conviene introducir pausas entre la emoción y la respuesta que se deriva de ella para evitar ciertos riesgos que podrían comportar acostumbrarnos a reaccionar en el momento que aparece la emoción. Conviene recurrir a la dimensión cognitiva cuando la emoción nos impulsa a actuar, y decidir si estamos en condiciones de acierto o es mejor que esperemos.
PREVENIR NO SIEMPRE ES MEJOR QUE CURAR
La educación emocional como prevención tendría sentido, en primer lugar, para garantizar el respeto y la dignidad del otro, en segundo lugar, para garantizar la dignidad de uno mismo y evitar adicciones, y por último, para prevenirnos de que no todo se puede prevenir. La educación de las emociones no tendría que ser una prevención hacia todo lo que todavía no ha ocurrido pero podría suceder, sino que la educación de las emociones es una orientación hacia, para afrontar la vida.
APRENDER A DESAPRENDER
Aprender a vivir las emociones no es una tarea fácil, la sociedad y la educación han lastimado nuestra capacidad emocional, por ello conviene que las personas aprendamos a desprendernos de las incapacidades aprendidas y volver a aprender capacidades nuevas, o mejor dicho deberíamos curarlas. Es necesario que se vayan dejando atrás las resistencias que nos impiden un compromiso real con nosotros mimos y con los demás.











0 respuestas hasta el momento ↓
Todavía no hay comentarios... Empiece usted rellenando el siguiente formulario.
Deja un comentario